Cuanto más observo nuestro modo de vida, más me convenzo de la necesidad del silencio como disciplina para lograr contactos internos que nos revelen las verdades ocultas de nuestra naturaleza divina y nos muestren el sendero hacia los planos de luz. Los ruidos nos persiguen por todas partes, ruidos de máquinas, música estridente, voces que en vez de hablar, gritan. Y nosotros, sin darnos cuenta, vamos elevando la voz y nos sumamos al ruido contaminante que todo lo penetra y va cerrando las puertas internas que nos conectan con nuestro ser.
El cielo está esperando para habitarnos. El trabajo de los círculos superiores está listo esperando que el ser humano genere un espacio en donde descender. Nuestro Ser Superior no puede manifestarse hasta que la personalidad haga el trabajo correspondiente. Y este trabajo necesita el silencio como base para desarrollarse.
El trabajo discipular es como el trabajo de un escultor. Va sacando de la piedra aquello que le sobra para revelar la escultura que, en nuestro caso, es el rostro de luz de nuestra alma. Vivimos pensando que nos falta algo cuando lo que sucede es que nos sobran pensamientos, palabras, objetos, movimientos...
NUNCA DETENGAS CON UNA MANO EL PASADO,
ResponderEliminarY CON LA OTRA EL FUTURO,
PARA ASI NO QUEDARTE CRUSIFICADO,
EN UN PRESENTE SIN SENTIDO...